martes, 21 de octubre de 2014

NZ PROGRAMA 37 T09 ABORTO EL DERECHO A SABER

El aborto y las 10 falacias del mundo conservador

7 DE SEPTIEMBRE DE 2011 Opinión El aborto y las 10 falacias del mundo conservador Con 12 semanas de gestación, a la autora de esta columna los médicos le diagnosticaron que el feto que llevaba en su vientre tenía una grave anomalía al cerebro. Su hijo Osvaldo y ella vivieron un calvario. El pequeño murió hace poco, pero Karen tomó su experiencia como ejemplo para luchar por el derecho al aborto terapéutico, iniciativa que ayer se aprobó en el Senado en su idea de legislar. por KAREN ESPÍNDOLAENVIAR Yo no pude abortar y esto es lo que pasó Mi hijo murió el 25 de julio recién pasado, como consecuencia de una malformación cerebral grave llamada Holoprosencefalia. Estuvo con nosotros casi dos años y medio de mucho sufrimiento para él y para toda la familia. También viví momentos preciosos e imborrables, y su pérdida aún cala en lo más profundo de mi corazón. Lo cuidé y amé con todo mí ser, pero se me fue… Durante todo este tiempo expuse mi situación y opinión respecto de la necesidad de legalizar el aborto en situaciones como ésta, porque viviendo en carne propia esta realidad, me fue posible conmensurar el dolor que significa vivir una situación tan íntima como trágica. Todavía duele. Expuse mi situación para que de una vez por todas reaccionemos como sociedad y comencemos a respetarnos en nuestras creencias y convicciones personales. A la par (porque no hay ninguna contradicción) luché por mi hijo y por todos los niños que lamentablemente sufren (o sufrirán en el futuro) la indiferencia de una sociedad esquizofrénica: la que en el discurso se proclama como “defensora a ultranza” del valor de la vida, pero que después de nueve meses, olvida por completo a la mujer y al niño nacido. Para muestra un botón: el actual Ministro de Salud, Jaime Mañalich Muxi –que no ha asistido a ninguna sesión de la comisión de salud del Senado que está debatiendo el tema, y que ha comparado mi opinión con el régimen nazi– aún no contesta dos oficios que le enviara a través de la Comisión Defensora Ciudadana, en la que pedía ayuda para los niños y familias que están viviendo una situación similar a la mía. En efecto, todas las ayudas que recibí, económica y emocional, provinieron de agrupaciones que apoyaron mi demanda (salvo honrosas excepciones, como lo es el caso del Senador Francisco Chahuán). Vayan mis cariños e infinitos agradecimientos para todas aquellos que fueron parte de mi vida y de la de mi hijo durante este tiempo. Si existe el cielo, se lo ganaron. Con acciones, no con discursos. El actual Ministro de Salud, Jaime Mañalich Muxi –que no ha asistido a ninguna sesión de la comisión de salud del Senado que está debatiendo el tema, y que ha comparado mi opinión con el régimen nazi– aún no contesta dos oficios que le enviara a través de la Comisión Defensora Ciudadana, en la que pedía ayuda para los niños y familias que están viviendo una situación similar a la mía. Este año, por primera vez desde el regreso de la democracia, nuestro poder legislativo se ha atrevido a debatir proyectos de ley que invitan a nuestra institucionalidad a legalizar el aborto por determinadas causales, lo cual es un gran avance considerando que hasta ahora, todos los proyectos de ley sobre la materia eran derechamente archivados. Y se han dicho muchas cosas que no me son indiferentes. Muchos mitos y lugares comunes falsos que me animan a escribir nuevamente. Me referiré exclusivamente a la causal de despenalización del aborto que he defendido, aunque algunos de estos mitos resultan aplicables a la discusión en su conjunto. Abarcaré 10 lugares comunes que confunden a la opinión pública, muchos de los cuales reflejan una indeferencia profunda sobre la tragedia que significa estar enfrentada a una situación tan dolorosa como la que les he descrito. 1° falacia: “Yo soy provida; tu eres una abortista y asesina” Lo he dicho antes, pero creo que un sector de nuestra sociedad parece no entender –y los medios de comunicación aportan con su grano de arena– que los partidarios de despenalizar la interrupción del embarazo (por cualquier causal) no son contrarios a la vida; como los autodenominados sectores “provida” intentan hacer creer a la opinión pública. En efecto, tildar de asesinos a quienes creemos que el Estado debe respetar la opción (reitero: la opción; no la imposición) de cada mujer cuando se ve enfrentada a un embarazo que pone en riesgo su salud e implica un sufrimiento injustificado (más adelante explicaré el por qué), es una falacia que no pretende argumentar, sino atacar, descalificar al adversario y clausurar el necesario debate. Y es una falacia porque quienes defendemos la opción de la mujer, no lo hacemos por un desprecio de la vida, sino que (muy por el contrario) lo hacemos porque consideramos que permitir la opción en el escenario descrito, resulta ser una alternativa profundamente más humana e integral, habida cuenta que no le es indiferente ni la vida del que está por nacer ni la de la madre ; y también, porque es la única alternativa que respeta la libertad de conciencia que todo Estado Laico (no confesional) debe respetar y promover. 2° falacia: “La práctica del aborto es acto moralmente malo”. Que duda cabe que enfrentados a situaciones extremas como las que he compartido con ustedes, la decisión de continuar o interrumpir un embarazo es profundamente compleja. En momentos como ese pasan millones de cosas por nuestras cabezas (p.e. ¿por qué a mí?, ¿qué hice mal?, ¿cuál será la mejor decisión para mí y mi familia?). Y cuando recibes la noticia que tu embarazo no es viable, que tu hijo no sobrevivirá al parto o que tendrá una vida corta, dolorosa y sin capacidad de desarrollarse como una persona autónoma, el mundo se te viene abajo. En este escenario, la moralidad de la decisión de continuar o interrumpir un embarazo representa una situación que dependerá en última instancia de nuestras profundas convicciones y/o creencias religiosas y, en ese entendido, el Estado no se encuentra facultado para exigir un determinado comportamiento. En efecto, imponer a la mujer vivir contra su voluntad una experiencia tan desgarradora como la que viví en carne propia (mi hijo, yo y mi familia) representa sin lugar a dudas un tipo de tortura, que intenta convertir a la mujer –a la fuerza– en mártir (Martirio: Dolor o sufrimiento, físico o moral, de gran intensidad), lo cual es impresentable en todo Estado que tenga respeto por los derechos humanos en forma integral y armónica. Con todo, el Estado no puede ni debe imponer una moral por sobre otra, sino que debe dejar que cada cual adopte, autónomamente, su decisión (compleja, cualquiera sea ésta). En tal sentido y como el Estado debe ser neutral en estas instancias, tan íntimas como trágicas, no cabe sino desestimar otra falacia: “cuando un Estado promulga una ley que permite el aborto, lo que en realidad se hace no es sólo permitir el aborto, sino auspiciarlo”. Creo que no es necesario ahondar mayormente en este asunto por lo burdo del argumento. Finalmente, como para algunos legítimamente el aborto representa un mal (desde sus creencias) se argumenta que toda mujer que se practica un aborto, tarde o temprano, se arrepentirá, sentirá que hizo algo horrendo y en suma, que su dolor será una carga que no podrá superar jamás. El sacerdote Francisco Javier Astaburuaga Ossa dice en ese sentido, que la mujer sufrirá el “Síndrome Post Aborto que acompañará a esta madre por toda la vida” La falacia acá es evidente porque se asume que todo el mundo cree que la interrupción del embarazo es un acto malo en sí mismo (en términos morales), independiente de las circunstancias –aquella parte del asunto que olvidan los contrarios a todo tipo de aborto– y, principalmente, de las creencias de cada cual. Sumado a lo anterior, la penalización del aborto bajo toda circunstancia –como ocurre sólo en El Salvador, Nicaragua, Malta, Ciudad del Vaticano y Chile– genera en quienes optan por abortar clandestinamente y desafiar a la institucionalidad (algo más común de lo que se cree y dice) un sentimiento obvio de culpa, pero no necesariamente por la moralidad de la decisión en sí misma (algo que debe asumir cada cual), sino por incurrir clandestinamente en un acto penalizado por nuestro ordenamiento jurídico. 3° falacia: “La vida es sagrada” En este sentido, simplemente me permito adscribir a las palabras de Carlos Peña: “la vida humana es un valor que nos interesa a todos” pero ese valor que se le concede a la vida es un valor “prima facie”. Con todo, invocar el valor de la vida bajo toda circunstancia, “no es un argumento concluyente. Se requieren razones adicionales”. Pues bien, estas razones adicionales que puedan justificar (con argumentos seculares) el estado actual de las cosas, no las he escuchado por ninguna parte. Muchos argumentan que la sacralidad de la vida es una premisa a la cual todos debemos adherir, independiente de toda circunstancia. En palabras del arzobispo de Concepción, Fernando Chomalí, si nos toca vivir una experiencia como las que les he descrito “hay que inclinar la cabeza frente a los designios de la vida”, frase que sólo es posible interpretar como “los designios de un ser o fuerza superior”. Y respecto de estos “designios”, ya he señalado que un Estado laico no puede ni debe legislar en beneficio de un grupo de personas que siguen una determinada creencia religiosa (lo que atenta, entre otros, con los derechos a la igualdad ante la ley y a la libertad de conciencia), por lo que no me detendré mayormente en esto. Muchos me han dicho: “Es lo que te tocó, qué pena…eres tan joven”. Yo, por mi parte, sigo pensando que la mujer debiera tener el derecho a decidir en un momento de tanta significancia para su vida. A estas alturas, muchos estarán pensando que me he olvidado del respeto que merece la vida del que está por nacer y que, por tanto, no he dado los argumentos que justifiquen sacrificar el valor de esa vida en potencia, sino que sólo me he enfocado en el doloroso proceso que viven las mujeres que se ven enfrentadas a situaciones como la mía. En las falacias siguientes (4 y 5), ahondaré en estos argumentos. 4° falacia: “Bienaventurados los que lloran: porque ellos serán consolados” (Mateo 5.5) Quizás en esto esté el fondo de toda la discusión. El sufrimiento humano implica un misterioso camino. A algunas personas, las situaciones dolorosas las pueden paralizar, generar resentimiento, depresiones irreversibles y un largo etcétera. Para otras en cambio, el sufrimiento siempre es una oportunidad de crecer, madurar y ver la vida desde otro prisma, por lo que no corresponde evitarlo, hasta el punto de considerarlo deseable. Generalmente, las personas buscamos la felicidad y evitamos sufrir (es lo más humano del mundo), aunque reconocemos que el sufrimiento nos puede hacer crecer. En suma, ambas opiniones no dejan de tener razón (en mayor o menor medida, dependiendo de las vivencias y creencias de cada cual). Pero la pregunta es otra: ¿El Estado puede obligarme a vivir una realidad tan intensamente dolorosa (la magnitud de lo que les estoy hablando es algo que quizás no puede explicarse con palabras), si yo así no lo deseo?, ¿tiene el Estado la autoridad para decirme que en esta situación tan altamente trágica, sólo debo enfrentar el dolor de una determinada manera: continuar el embarazo, aún en contra de mi voluntad? Para Patricia Gonelle, perteneciente a una agrupación autodenominada provida “con el sufrimiento uno puede crecer, dar un giro en su vida hacia algo que de sentido a nuestras vidas (…)”. Para el doctor Jorge Neira (PUC) –que ha dado su opinión más política que médica sobre la materia– “continuar con esos embarazos, y no abortar, les permite a los padres lograr la paz (…) Aquí es fundamental la compañía, pero compañía-compañía, en cuerpo, alma y espíritu, que las llamen en la noche y las preparen para dar sentido al sufrimiento. Así se tranquilizan y logran la paz”. Como es posible apreciar, estas opiniones reflejan sólo una creencia: la que ve en el sufrimiento sólo virtudes; algo deseable del que no tenemos porque escapar (son los designios de la vida como dijera anteriormente). Como he insistido, esta visión es totalmente respetable, pero en ningún caso puede resultar obligatoria para quienes no ven tantas virtudes en el sufrimiento humano o bien, lo ven, pero no en una forma tan absoluta y extrema. Hay quienes pensamos que en situaciones como éstas, lo que corresponde es que cada cual analice la situación en su mérito, para luego adoptar una decisión libre e informada. Pero eso no es todo. Al sufrimiento de la mujer (y por añadidura al de toda una familia) hay que agregar una nueva variable: que en los casos de inviabilidad o malformaciones cerebrales severas, el ser en gestación no podrá ejercer como un agente moral. Así, el niño en potencia que en principio merece nuestra protección (porque, también en principio, así interpretamos su interés de vivir) no tiene la capacidad de tomar decisiones morales –como consecuencia de su irremediable malformación– por lo que no tendrá, en su dolorosa y limitada vida, intereses propios para desarrollar con autonomía su propio proyecto de vida (que es el argumento utilizado por quienes se oponen al aborto a todo evento). Al respecto, clarificadora resulta la visión que tiene sobre la materia un profundo detractor de todo tipo de abortos, José Joaquín Ugarte Godoy –profesor de la Universidad Católica de Chile– para quien: “cuando el individuo viviente tiene naturaleza racional, porque forma ideas que recogen no la apariencia sensible, sino la esencia y el ser de las cosas, es decir, tiene intelecto –que siempre va acompañado de la facultad de querer libremente el bien, o voluntad– se llama persona (…) Esta alma intelectual le permite a la persona conocerse y poseerse a sí misma – porque las cosas se poseen por el conocimiento– y ser dueña de sus actos, teniendo así una subjetividad, una interioridad, un cierto ser para sí; y porque puede la persona poseerse a sí misma, puede poseer como propios bienes exteriores, puede ser sujeto de derechos. La naturaleza racional traza así una frontera infranqueable entre el hombre, sujeto de derechos, y las cosas, que son objetos de derecho para el hombre”. Creo que, sobre el punto, las palabras sobran. Pues bien, que el ser en gestación no pueda ejercer como agente moral autónomo, implica que el sufrimiento que experimente no tendrá sentido alguno para sí mismo y, por lo tanto, el único factor que puede fundamentar una decisión al respecto, son nuestras creencias y convicciones más íntimas. Así las cosas, el dolor es doble. Personalmente no tengo palabras para explicar lo doloroso que significa ver a un hijo sufrir en vano y sin poder hacer nada por remediarlo. Piensen por un segundo en la preocupación que implica cualquier accidente o enfermedad de un hijo y luego, comprendan que esos pensamientos invadieron mis pensamientos cada día, desde el momento en que supe el diagnóstico de mi hijo y que siguen dando vueltas en mi cabeza. Piensen finalmente en lo doloroso que significa para cualquiera, ver morir a su hijo. ¿Habrá dolor más grande que ese? ¿Se dan cuenta la magnitud de lo que estoy hablando? ¿Por qué entonces no conceder la posibilidad de evitar tanto dolor humano que además resulta pueril para quien se dice defender? 5° falacia: “El propósito es hacer una selección racial en la búsqueda de la perfección humana y representa un desprecio a todos nuestros discapacitados”. Adicional a la falacia anterior, resulta necesario hacer una precisión: la situación que me tocó vivir y que es la que estoy defendiendo en estas líneas, no se refieren a cualquier tipo de discapacidad. Como intenté explicar, se trata de embarazos en los cuales el que está por nacer es inviable en su vida extrauterina, o tendrá una vida corta, dolorosa y sin capacidad de desarrollarse como una persona autónoma, debido a que, su severa malformación, le impedirá actuar como agente moral. Pues bien, en el debate, la falacia es que se dice que las situaciones como las que trato acá nada tienen que ver con un aborto terapéutico, sino que se trata de un aborto eugenésico, lo cual da pie para decir que lo que en realidad se busca, es una selección racial al estilo nazi. En efecto, el concepto originario de la eugenesia se relaciona con la búsqueda de mejorar los rasgos hereditarios humanos. Por este motivo, si para algunos resulta discutible que se hable de aborto terapéutico en casos de inviabilidad o malformaciones cerebrales severas, también resulta discutible que se hable de aborto eugenésico a secas, porque con eso sólo se confunde a la opinión pública. Como ya habrá quedado claro, nada tienen que ver en esto, los niños con síndrome de down o con determinada discapacidad física o racial –como el color de la piel– por citar algunos ejemplos. La discusión debe ser sincera. Sin lugar para falacias como ésta que sólo buscan lograr empatía mediante el engaño. 6° falacia: “Abrir la puerta a la legalización del aborto por razones de salud, implica un camino sin retorno”. El lugar común acá podemos describirlo de la siguiente manera: “Si legalizamos el aborto por una o más causales, imponderablemente veremos que, con el tiempo, permitiremos la interrupción del embarazo a todo evento”. Esta falacia se conoce como la “pendiente resbaladiza” y sugiere que una acción iniciará una cadena de eventos que culminarán en un indeseable evento posterior. Lo anterior es sólo atribuible a una campaña del terror que no ofrece ningún argumento sobre el tema de fondo. No obstante, es conveniente dejar expresado que si se decide legalizar la interrupción del embarazo por determinadas causales, es necesario que la norma jurídica sea precisa en cuanto a su alcance (técnica legislativa) y aplicación, porque es la única opción que asegura transparencia y coherencia entre los argumentos que justifican una legislación y los hechos que ameriten ponerla en práctica. Debemos ser honestos. Sin trampas ni claroscuros. 7° falacia: “Los diagnósticos médicos pueden fallar” También acá existe una falacia, porque el conocimiento científico existente nos permite obtener información para tomar decisiones basadas en la tecnología y los conocimientos disponibles. Actualmente, la ciencia es capaz de diagnosticar la presencia de fetos inviables o con graves malformaciones cerebrales desde muy temprano en el embarazo. No obstante, cuando se discuten estos asuntos relacionados con la inviabilidad fetal o malformaciones cerebrales severas, a los médicos siempre se les hace la pregunta equivocada: El ser en gestación, ¿(sobre) vivirá horas, días, semanas? Puede que un bebé con un diagnóstico con Anancefalia u Holoprosencefalia (sobre) viva más del rango estimado –por lo que los médicos deben ser muy prudentes, objetivos y realistas en la información que entregan a los padres–, pero la pregunta que debemos hacerle a los médicos es otra: ¿podrá el ser en gestación desarrollarse como persona?, si logra sobrevivir al parto, ¿tendrá conciencia de sí mismo para poder trazar su proyecto de vida y, por ende darle un sentido a ésta, desde su propia subjetividad?, ¿qué nos dice la ciencia al respecto?. Si nos planteamos así, el raciocinio resulta menos egoísta, por cuanto nos centramos más en el ser en gestación y en lo doloroso que puede resultar la experiencia para todos los involucrados. Al respecto, insisto en la pregunta sobre el sufrimiento que significan estas trágicas experiencias: ¿qué sentido tiene el dolor de toda una familia, y del propio bebé (en caso de sobrevivir al parto) si dicho sufrimiento será en vano (al menos, desde una mirada no espiritual)? Sin duda que el asunto de los diagnósticos médicos es de suyo complejo, considerando que representa un tema totalmente técnico. En razón de aquello es importante que la legislación persiga un objetivo claro: obtener de los médicos opiniones científicas, sin sesgo ideológico. En otras palabras, no se requiere de los médicos, su opinión respecto de la pertinencia de interrumpir (o no) un embarazo, sino sólo de si, en un caso determinado, resulta o no aplicable la legislación. De esta forma, aunque no estén de acuerdo en la posibilidad de interrumpir un embarazo, los médicos debieran entender que su rol es otro, aunque -por principios- siempre podrán negarse a participar en la intervención propiamente tal. Lo importante acá es que no resultaría ético que los médicos confundieran su legítima opinión política, con la evidencia médica existente, que es lo que interesa. De cualquier forma, sobre esta falacia hay que hacer una precisión: quienes se oponen a la idea de legislar basándose en eventuales errores en los diagnósticos médicos, debieran reconocer, por transparencia, que su aversión al aborto en estos casos, no es por principios, sino sólo por un asunto técnico. En suma, todo lo que esté más allá de un diagnóstico médico debidamente fundado en la evidencia científica disponible –como la fe en los designios de Dios, la esperanza en que se produzca un milagro o la duda de si seré o no capaz de enfrentar esta dura situación– es un asunto de fe y/o creencias personales; algo que como ya he señalado insistentemente, corresponde evaluar a cada cual. 8° falacia: “No se puede legislar para la excepción” Muchos de los que opinan –de uno y otro lado– caen en la trampa de fundar sus posturas en base a la cantidad (baja o considerable, según el punto de vista) de embarazos que presentan complicaciones como las que comentamos. Pero nuevamente, ese no es el punto en discusión. Lo que interesa acá es otra cosa: ¿puede el Estado permitir que se vulneren derechos fundamentales?, ¿o el rol del Estado (respeto y promoción) depende del número de personas que puedan verse afectadas? Aunque sean casos excepcionales, el impacto emocional es altísimo y golpea a toda una familia. Todos nacemos libres e iguales en dignidad y derechos. Por lo menos así reza nuestra Carta Fundamental. 9° falacia: “Nuestros parlamentarios no deben ni pueden traicionar sus creencias religiosas al momento de aprobar leyes” Esta es una gran falacia que intenta capturar a nuestros parlamentarios en una encrucijada falsa (similar a la captura en la que pueden caer los médicos, según señalé en la falacia N°7). Todo el tiempo, los parlamentarios deben obligadamente legislar para todos, con independencia de los credos a los que adhiera. Se deben respetar a todos sin excepción. Esa es la única actitud que se concilia con el respeto por el derecho a la libertad de creencias reconocido en nuestra Constitución. Como es evidente, la ley no puede obligarnos a asistir a misa todos los domingos o a casarnos por la iglesia; por citar un par de ejemplos. No es el mismo cometer un pecado, que cometer un delito. Pero al parecer muchos políticos parecen no entender algo tan básico en un régimen democrático. Por ejemplo, en un debate organizado por el senador Mariano Ruiz-Esquide, en enero de 2011, el diputado Mario Venegas Cárdenas (demócrata cristiano) señaló que “uno no anda por la vida sacándose su condición de católico cuando se legisla; no se cómo podría hacerse ese ejercicio”. En el mismo evento, el ex Ministro de Salud, Osvaldo Artaza, también cae en la trampa de esta falacia, cuando dice que prefiere no opinar sobre la legalización de la interrupción del embarazo por causales determinadas, porque le resulta imposible “sacarse el sesgo religioso”. La ilusión de que existe acá un dilema ético, es falsa. No existe ningún problema de esta índole. Cualquier persona tiene el derecho de creer en cualquier divinidad, en los designios de la naturaleza o en lo que sea. Puedo también, hacer todo lo que esté a mi alcance para convencer y/o persuadir a la mayor cantidad de gente posible, que sus creencias representan la moral que todo el mundo debe incorporar para sí mismo. Pero otra cosa muy distinta es utilizar a la ley para obligar a quien no participa de estas ideas. Incluso más. Aún existiendo una creencia mayoritaria en un país, no resulta constitucional legislar en beneficio de ésta. Como es sabido, los derechos fundamentales están fuera de los vaivenes de las mayorías. Me imagino que nuestros parlamentarios sabrán lo que implica vivir en un Estado laico, por lo que es esperable que antes que opinen y voten sobre esta materia, visualicen la trampa o encrucijada falsa en la que pueden caer. Se espera en suma que el debate se plantee con argumentos seculares, que es lo que corresponde en democracia. 10° falacia: “El derecho a la vida siempre primará por sobre cualquier otro derecho fundamental” Sobre la materia, el senador Chahuán –a quien respeto y admiro– ha dicho: “Quienes defendemos la vida desde el momento mismo de la concepción no lo hacemos por razones religiosas, lo hacemos porque creemos en los derechos del ser humano y ahí hay un conflicto entre los derechos reproductivos de la mujer y el derecho del que está por nacer que no tiene quien lo defienda. Y por tanto, hay un choque de derechos y tenemos que resolver desde esa perspectiva”. Podríamos extraer muchos comentarios de esta cita, pero en cuanto al lugar común que comentamos, es pertinente realizar una precisión previa referida a un juicio de valor que el senador asume como un juicio de hecho: que el que está por nacer no es sólo sujeto de protección jurídica, sino que es sujeto de derechos –desde el momento de la concepción al igual que cualquier persona. Sólo si se acepta que este juicio de valor es vinculante para todos nosotros (estemos o no estemos de acuerdo), es pertinente hablar de una colisión de derechos. No obstante, aún aceptando esta premisa, existen acá muchos derechos fundamentales en juego que es necesario ponderar adecuadamente: a la vida y a la integridad física y psíquica; a la libertad de conciencia, a la igualdad ante la ley, entre los más destacados. Respecto del derecho a la vida, es claro que representa el derecho fundamental más relevante de todos. ¿La razón? Sólo estando vivos podemos desarrollarnos como personas, ejercer los restantes derechos, realizar nuestros proyectos y alcanzar nuestras metas. En suma, el derecho a la vida es el derecho más relevante porque –como es lógico– sin éste es imposible alcanzar el proyecto de vida que cada cual se trace en función de sus propios intereses. Pues bien, en los casos de inviabilidad fetal o de malformaciones cerebrales severas que impiden al que está por nacer desarrollarse como un agente moral autónomo, el argumento de la primacía del derecho a la vida por sobre cualquier otro derecho fundamental y bajo cualquier circunstancia, queda en entredicho porque no resultan aplicables los fundamentos en los que se sustenta. Conforme a lo anterior, cualquier análisis en el contexto de una colisión de derechos, nos permitiría concluir que permitir (no imponer) la interrupción del embarazo por la causal comentada, es la única alternativa que permite resolver de manera integral –desde la perspectiva de los derechos fundamentales– estas complejas situaciones. Y es la única alternativa, porque en casos como éstos a lo único a lo que debemos ser fieles, es a nuestras creencias y convicciones. Espero que en estas líneas haya aportado, con mi testimonio y opiniones, al necesario debate que nuestra sociedad debe enfrentar y no esconder debajo de la alfombra. Como dirían precisamente en cualquier iglesia del país, ¡es justo y necesario!

lunes, 20 de octubre de 2014

Elizabeth Banks on Planned Parenthood, Women's Health, and Women's Rights

¿Qué sucede durante un aborto realizado en una clínica?

Dr. Julio L. Sacher - Ginecólogo Olavarría - Argentina Cel 02284 15 372873...

Cel 02284 15 372873... Dr. Julio L. Sacher - Ginecólogo Olavarría - Argentina clinica aborto en Olavarría, Buenos Aires, Argentina, abortos en Olavarría, Olavarría: Ginecólogo Hasta las 12 semanas de gestación. Método Karman de dilatación y aspiración. Ha sido el método más utilizado durante el primer trimestre. Un método instrumental rápido y seguro que permite dilatar progresivamente el cuello del útero hasta realizar una aspiración del contenido. Se practica generalmente con anestesia local, aunque puede realizarse con anestesia general o sedación por indicación médica o deseo de la usuaria. Esta técnica puede durar entre 3 ó 10 minutos. Las clínicas especializadas de ACAI han desechado el clásico legrado instrumental para realizar un aborto de primer trimestre ante las ventajas de una interrupción por aspiración (aunque también se puede complementar). La convivencia del aborto quirúrgico y el farmacológico permite a la mujer elegir entre dos alternativas viables, la más cercana a sus características físicas, psicológicas y personales. Lo cual sin duda redunda en la libertad y autonomía de la mujer frente a su propia interrupción del embarazo La técnica a utilizar debe elegirse en función del historial médico de la mujer, de las condiciones anatómicas, antecedentes gineco-obstétricos y las características del embarazo a interrumpir. La semana de gestación en la que se encuentre la mujer constituye un elemento fundamental, así como el deseo propio de la mujer (elección de la mujer). Entorno a la semana 13 de gestación y hasta la semana 15 Método Karman de dilatación y aspiración. Este sigue siendo el método más utilizado en torno a la semana 13 de gestación y hasta la semana 15, con ligeras modificaciones en la técnica de aspiración simple, preparando previamente el cuello del útero con medicación que facilita el proceso. Se puede realizar con anestesia local, general o sedación (Anestesia poco profunda en la que la mujer se despierta en pocos minutos y puede abandonar la clínica en pocas horas). Por consultas en Olavarría, también llame al tel 011 159269799 o escriba al mail atrasomenstrual@yahoo.com.arç Hasta las 12 semanas de gestación. Método Karman de dilatación y aspiración. Ha sido el método más utilizado durante el primer trimestre. Un método instrumental rápido y seguro que permite dilatar progresivamente el cuello del útero hasta realizar una aspiración del contenido. Se practica generalmente con anestesia local, aunque puede realizarse con anestesia general o sedación por indicación médica o deseo de la usuaria. Esta técnica puede durar entre 3 ó 10 minutos. Las clínicas especializadas de ACAI han desechado el clásico legrado instrumental para realizar un aborto de primer trimestre ante las ventajas de una interrupción por aspiración (aunque también se puede complementar). La convivencia del aborto quirúrgico y el farmacológico permite a la mujer elegir entre dos alternativas viables, la más cercana a sus características físicas, psicológicas y personales. Lo cual sin duda redunda en la libertad y autonomía de la mujer frente a su propia interrupción del embarazo La técnica a utilizar debe elegirse en función del historial médico de la mujer, de las condiciones anatómicas, antecedentes gineco-obstétricos y las características del embarazo a interrumpir. La semana de gestación en la que se encuentre la mujer constituye un elemento fundamental, así como el deseo propio de la mujer (elección de la mujer). Entorno a la semana 13 de gestación y hasta la semana 15 Método Karman de dilatación y aspiración. Este sigue siendo el método más utilizado en torno a la semana 13 de gestación y hasta la semana 15, con ligeras modificaciones en la técnica de aspiración simple, preparando previamente el cuello del útero con medicación que facilita el proceso. Se puede realizar con anestesia local, general o sedación (Anestesia poco profunda en la que la mujer se despierta en pocos minutos y puede abandonar la clínica en pocas horas). Por consultas en Olavarría, también llame al tel 011 159269799 o escriba al mail atrasomenstrual@yahoo.com.ar

jueves, 16 de octubre de 2014

Por qué pese a sus leyes progresistas el aborto sigue siendo intocable en Argentina

http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/10/141010_argentina_aborto_intocable_vs Por qué pese a sus leyes progresistas el aborto sigue siendo intocable en Argentina Veronica Smink BBC Mundo, Argentina 15 octubre 2014 Compartir Embarazada (Foto: Getty) A pesar de que Argentina tiene una de las mayores tasas de abortos por nacimientos del mundo (según la OMS) el tema no se debate en el Congreso desde 1921. (Foto: Getty) Argentina adoptó en los últimos años algunas de las políticas sociales más progresistas de América Latina e incluso del mundo. Fue el primer país latinoamericano en aprobar el matrimonio gay, en 2010, y la adopción por parte de parejas del mismo sexo. Marcó otro hito mundial al sancionar, dos años más tarde, la primera ley de identidad de género que permite a las personas trans usar su nombre y sexo de elección en sus documentos y operarse para adecuar su género sin costo. Y en 2013 volvió a ser pionero, aprobando una legislación que permite a cualquier adulto (casado o soltero, heterosexual o gay) acceder a técnicas de fertilización asistida de manera gratuita. Marcha en Chile (foto: AP)
El gobierno de Chile anunció que actualizará su legislación sobre el aborto. (foto: AP) Sin embargo, hay un tema social sobre el que Argentina no ha cambiado su política en casi un siglo (ni planea hacerlo en el futuro cercano): el aborto. Mientras que la vecina Uruguay despenalizó la práctica en 2012, y en Chile se armó una polémica tras el anuncio del gobierno de que presentará un proyecto para permitir el aborto terapéutico, en Argentina actualizar la legislación vigente no forma parte de la discusión pública. Lea también: ¿Logrará Michelle Bachelet despenalizar el aborto en Chile? La ley actual sobre el aborto data de 1921 y establece que la práctica está permitida cuando corre riesgo la vida o la salud de la madre, o en casos de violación. Desde que comenzó a gobernar Cristina Fernández de Kirchner, en 2007, un grupo de unas 250 ONG llevan adelante una "Campaña nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito", pero sin embargo no han logrado que el tema siquiera sea debatido por las autoridades. El pasado 7 de octubre, Fernández promulgó un nuevo Código Civil que plantea cambios sustanciales en asuntos como el matrimonio, el divorcio y la adopción. No obstante, el Código mantiene el statu quo sobre el tema de aborto, conservando el criterio actual de que "la existencia de la persona comienza con la concepción". Según algunos analistas, esta definición complica cualquier discusión futura sobre la posible despenalización del aborto. De eso no se habla Para algunos observadores resulta llamativo que en una sociedad considerada entre las más progresistas de América Latina el tema del aborto sea aún tabú en muchos ambientes. "Cuando conté que me había realizado un aborto algunas personas me dieron vuelta la cara", relató a BBC Mundo Camila Sánchez, quien acudió a una clínica clandestina en 2007 (cuando tenía 21 años) para poner fin a un embarazo no deseado. "Aún hoy sufro la discriminación. Estudio para ser maestra jardinera y cuando digo ‘yo aborté’ te miran con una cara como si le fueras a hacer algo a los nenes", contó. Camila Sánchez
Camila Sánchez se realizó un aborto en 2007 y sufrió discriminación cuando habló sobre su experiencia. Sin embargo, Sánchez cree que de a poco la actitud está cambiando, en especial entre los jóvenes que se animan a hablar del tema a través de las redes sociales. Germán Cardoso es un médico que practica abortos. En 2011 la Justicia lo detuvo por realizar estas prácticas ilegales, pero fue sobreseído por falta de evidencias. Desde entonces el galeno -apodado por la prensa "Dr.Aborto"- ha hablado públicamente sobre su actividad, algo que en sí mismo muestra un cambio de actitud. "En 2011 cuando la Justicia me acusó, los medios me repudiaron", dijo a BBC Mundo. "Pero ahora ya no es considerado un tema oscuro y pecaminoso, y al menos hoy se puede hablar de manera más abierta", observó, atribuyendo el cambio al activismo de grupos feministas y a personas como él o Sánchez que hablan del tema. Abortos Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), Argentina está entre los países con mayor tasa de abortos por cantidad de nacimientos. Las últimas cifras oficiales, que datan de 2005, señalan que por cada 770.000 nacimientos anuales hubo 500.000 abortos, una cantidad que según el Ministerio de Salud argentino se habría reducido desde entonces. Lea también: Argentina: ¿Por qué hay tantas muertes por aborto? En tanto, hasta hace un par de años Argentina tenía una de las mayores tasas de muertes como consecuencia de abortos clandestinos de América Latina, con el 25% de mortalidad materna atribuida a esta causa. En 2011 cuando la Justicia me acusó de realizar abortos clandestinos los medios me repudiaron Dr. Germán Cardoso, quien realiza abortos
Mariana Romero, una médica especializada en salud reproductiva que forma parte del Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva (OSSyR), afirmó que el aborto ya no es la principal causa de muerte materna en Argentina. Sin embargo, la experta consideró llamativo que no se actualice la legislación sobre un tema que afecta la vida de cientos de miles de mujeres y hombres. "Me llama la atención, particularmente en una situación de la Argentina donde los derechos humanos ocupan un lugar primordial en la agenda y donde hay una política respecto a los derechos civiles muy importante, es un país pionero", dijo a BBC Mundo. Desde 2007, los impulsores de la "Campaña nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito" presentaron cuatro veces un proyecto de ley para despenalizar el aborto. Sin embargo, en estos ocho años el Congreso jamás aceptó debatir el tema, ni siquiera en comisiones. ¿A qué se debe? Existen diversas teorías para explicar la reticencia de las autoridades para discutir sobre el aborto. Romero cree que los políticos tienen "temor de perder votos" y "hacen prevalecer su opinión personal por sobre la de la sociedad, que reclama un debate sobre el tema". Lea también: El aborto no da votos en Argentina Según la experta, las encuestas muestran que el 50% de los argentinos apoya la despenalización del aborto. Marcha pro-aborto en Buenos Aires (foto: AFP)
Los grupos pro-aborto han realizado marchas frente al Congreso, que ha rechazado debatir el tema. (foto: AFP) Para Camila Sánchez, los legisladores y gobernantes prefieren mantener el aborto ilegal porque se trata de un "negocio muy redituable", en especial entre las clases más acomodadas. En cambio, el doctor Cardoso no duda de que la explicación es religiosa. "La iglesia católica tiene una influencia enorme en América Latina, incluso sobre los gobernantes más progresistas", señaló. En ese sentido, destacó la postura de la presidenta Fernández, quien a pesar de haber tenido desacuerdos con la Iglesia, siempre coincidió públicamente con la "defensa de la vida" desde la concepción. La diputada kirchnerista Juliana Di Tullio, jefa de la bancada del oficialismo en la Cámara Baja y autora de un proyecto para despenalizar el aborto, admitió la falta de apoyo de la jefa de Estado para tratar este tema. "El Congreso no está maduro para debatir la interrupción del embarazo. No nos dan los números", reconoció durante una entrevista con el canal de noticias CN23. Papa Francisco Para Di Tullio y muchos otros, la elección del argentino Jorge Bergoglio como Papa, en 2013, imposibilitó aún más la discusión sobre el aborto. Papa Francisco y Cristina Fernández de Kirchner (foto: AFP) Muchos creen que con un Papa argentino y una presidenta pro-vida será imposible que se discuta sobre el aborto. (foto: AFP)
Por su parte, la Iglesia y los sectores más conservadores de la sociedad sostienen que Argentina ya tiene una de las legislaciones sobre interrupción de embarazos más progresistas de América Latina, a pesar de que esta ley tiene casi cien años. El motivo es que, a diferencia de otros países como Brasil donde el aborto también es permitido en caso de riesgo de vida para la madre o violación, en Argentina se agrega específicamente como causal el riesgo "a la salud" de la madre. Los grupos pro-aborto interpretan que esta redacción es aplicable a la mayoría de los casos de embarazos no deseados, ya que el concepto de "salud" incluye la salud psíquica, que muchos consideran en peligro ante esta situación. Por eso, la lucha de estos activistas en los últimos años se ha enfocado en que se aplique esta visión más amplia del aborto no punible. Amparadas en esta interpretación legal, han surgido algunas iniciativas –como una línea telefónica gratuita- que promueven el aborto seguro a través del uso del misoprostol, una droga de uso obstétrico que puede ser aplicada con fines abortivos. En 2012, la Corte Suprema de la Nación también "flexibilizó" la práctica del aborto no punible al establecer que no hace falta presentar un trámite judicial para solicitar la realización de una interrupción de embarazo en caso de violación. De esta manera, puso fin a una traba legal que, según los expertos, desde entonces facilitó el acceso de muchas más mujeres a este procedimiento, de forma lícita y segura.

domingo, 12 de octubre de 2014

Pensar el aborto

las12 VIERNES, 3 DE OCTUBRE DE 2014 Cuerpo a cuerpo ABORTO El 28 de septiembre fue el día de lucha por la legalización del aborto en Latinoamérica y el Caribe. El lunes se realizó un abrazo al Congreso de la Nación para que el proyecto de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito –con la firma de 64 legisladores– sea tratado en la Cámara baja. Una de las activistas es Ruth Zurbriggen, fundadora de Socorristas en Red, una organización que desde el 2009 ayuda a las mujeres a practicarse abortos medicamentosos. Son 150 activistas, repartidas en diecisiete provincias, que tienen veintiuna líneas de teléfono en todo el país y les ponen el cuerpo a quienes las necesitan con urgencia. Sólo en Neuquén, en tres años, ayudaron a abortar a 1074 mujeres, que en el 54 por ciento de los casos ya eran madres.
Por Luciana Peker No es la misma mujer después de ponerles el cuerpo a las mujeres que abortan. No es la misma mujer que colgaba un pañuelo verde y un montón de consignas. Tiene el mismo color amarrado del cuello, la voz que se expande desde el sur hasta el norte, la estrategia más tangible entre la teoría y la práctica y las convicciones reforzadas. Porta las ideas un poco más tajantes y la conversación entrenadamente atenta y cálida. Pero es otra. No porque se hayan desatado las razones para luchar por la legalización de la interrupción del embarazo que están más puestas que nunca. Pero sí porque pasaron otras, muchas, mujeres por su cuerpo para que el cuerpo de las mujeres valga. Y el cuerpo deja huellas. Aún huellas intangibles que no llegan a ser cicatrices. Que marcan el camino. Incluso, un nuevo camino en la práctica para que las mujeres no mueran, no sufran, no vayan presas, no se queden infértiles, no se infecten, no sean denigradas, no sean destinadas por la biología o la violencia sino por su propio deseo. Por eso, su lema es “¡Si vas a abortar no queremos que pongas en riesgo tu vida y tu salud”. El cuerpo de las mujeres no es un envase que escupe lo que no desea. Ni debe. El cuerpo de las mujeres necesita de otras manos, abrazos, cuidados, contención y aliento para poder reconvertirse en cuerpo propio. Ruth Zurbriggen, activista del colectivo feminista La Revuelta de Neuquén, parió desde la Patagonia la agrupación de Socorristas en Red que, desde 2009, ayuda a las mujeres de todo el país a estar acompañadas cuando deciden abortar. Ahora ya son ciento cincuenta las activistas que ayudan, en diecisiete provincias y a través de veintiuna líneas telefónicas de todo el país, a que otras mujeres decidan sobre su vida. Sólo desde el 2011 al 2013, sólo catorce mujeres, sólo en Neuquén, acompañaron en su decisión de no continuar con un embarazo a 1074 mujeres. Las escuchan, les hablan, les escriben, les cuentan lo que escrito no se entiende (como les pasó con Hilaria, que era analfabeta), las orientan y las acompañan en el proceso de abortos medicamentosos a través de misoprostol. La demanda va in crescendo y únicamente el año pasado fue de 567 mujeres que, muchas veces, llegaron derivadas de los propios médicos. Su experiencia deja un dato tajante que destierra mitos y prejuicios en torno de quienes necesitan interrumpir un embarazo: el 54 por ciento de las que no pueden o quieren pasar por un parto ya es madre. No es que no quieran –con derecho– hijos o hijas. Es que no pueden con más hijos e hijas de los que ya tienen, al menos en ese momento. Y siete de cada diez de las que reciben sin aliento las dos rayitas de un test de embarazo tienen entre 25 y 33 años, pero un 13 por ciento son chicas más jóvenes. Son las más pobres y son las adolescentes o niñas las que más solas están por la clandestinidad del aborto en Argentina. Ruth es integrante de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, y vino a Buenos Aires para formar parte del abrazo al Congreso, realizado el lunes 29 de septiembre (en una jornada posterior al día de la lucha para la legalización del aborto en América latina y el Caribe) para que el proyecto que cuenta con la firma de sesenta y cuatro diputados y diputadas se desperece del olvido legislativo y se transforme en ley. Ella es docente, tiene 50 años, una hija de 27 y un hijo de 20 que conocen treguas de cine compartidas. ¿Qué pasa con la legalización del aborto? –Estamos en un momento muy difícil y hace falta pensar estrategias mucho más ofensivas sobre los diputados y las diputadas de la Nación, que son quienes tienen la responsabilidad política fundamental para que el aborto deje de ser ilegal en la Argentina. No veo en el Frente para la Victoria voluntad política de sacar y empujar el debate en el Congreso. Y es la cuarta vez que la Campaña presenta su proyecto desde el 2007. ¿Por qué se pudo avanzar en tantas leyes y no en la legalización del aborto? –Reconocer el derecho de las mujeres a decidir ataca uno de los núcleos duros del heteropatriarcado y dejaría en mano de las mujeres el control sobre nuestra sexualidad. También sigue siendo ilegal porque es un gran negocio: puede costar desde 10 mil a 30 mil pesos, menos dinero si no hay anestesia o si son peores las condiciones del consultorio o hasta 70 mil pesos en gestaciones mayores. El caso de Ignacio Guido Moyano Carlotto muestra que el médico de la Policía Bonaerense que firmó su acta de nacimiento trucha –Julio Luis A. Sacher– está sospechado de lucrar con abortos, según fuentes de Infojus Noticias. ¿Quiénes son los que hacen negocio con la clandestinidad? –Esto desnuda la hipocresía social de sectores conservadores y antiderechos. En el caso de Silvia Suppo (asesinada el 29 de marzo de 2010, cinco meses después de ser una testigo clave en un juicio por lesa humanidad en Santa Fe) ella declaró que la violaron y que, aún detenida (por la dictadura militar), la obligaron a abortar. Por eso la lucha de las socorristas en red también es una lucha anticapitalista, porque combate el negociado del aborto clandestino. ¿Hay un antes y un después del efecto papa Francisco? –La Iglesia recompone con Bergoglio un nuevo lugar en el escenario político y esa influencia maniata el tema del aborto. Se le está dando una envergadura peligrosa. Hay legisladoras que dicen que no se da el debate en el Congreso porque no está saldada la discusión en la sociedad. ¿Falta consenso social? –Pensar que se va a discutir en el Congreso cuando el debate esté saldado es evadir responsabilidades. La sociedad está madura. Nunca este tipo de leyes se consigue con el consenso de toda la sociedad porque son leyes que dividen aguas. En este país las mujeres abortan y las diputadas debieran responsabilizarse por la función que cumplen para cuidar a las mujeres. En este tema, el Estado no cuida a las mujeres: las abandona. El movimiento de mujeres ha hecho muchísimo. Las principales universidades de este país han emitido declaraciones a favor de que se legalice el aborto, igual que movimientos estudiantiles, sindicatos, organizaciones de derechos humanos. Hoy se puede hablar de aborto en voz alta. Temo que esos argumentos estén al servicio de sacarse la responsabilidad que le toca. No vamos a conseguir la legalización de aborto con el 80 por ciento de la población a favor. No pasó con el matrimonio igualitario, ni con identidad de género. ¿Por qué no le pidieron eso al matrimonio igualitario? Estaba dividida la sociedad y, sin embargo, se votó a favor porque había voluntad política. ¿Qué opinás de las nuevas estrategias de los grupos antiderechos mostrándose como una fuerza de la juventud no religiosa? –Los sectores conservadores cuando ven que van perdiendo terreno reconfiguran sus estrategias. Me anticipo a pensar en que no les va a dar resultado porque las mujeres siguen abortando, que es algo de lo que no quieren hacerse cargo. Eso derrumba la política de un embarazo a cualquier precio. Y no hay religión ni clase social que lo impida. Cuando una mujer tomó la decisión hace todo lo que está a su alcance para concretarla. ¿Cuál es la ley que están imponiendo las mujeres? Imponen su propia ley en ese acto que es una microagencia política donde las mujeres dicen “no”. ¿La puerta abierta a los abortos no punibles permite pensar que todas las mujeres que lo deseen pueden interrumpir su embarazo resguardándose en que su gestación afecta, en algún aspecto, a su salud? –Hay que desmitificar que en este país el aborto siempre es ilegal. Hay causales de aborto legal contempladas en el artículo 86, incisos 1 y 2 del Código Penal vigente. Por eso, si la salud de una mujer corre riesgo ella puede abortar, pero el concepto de salud debe entenderse en un sentido amplio y como salud integral. Cuando una mujer descubre que tiene un embarazo no buscado eso provoca una situación de desajuste emocional que trae riesgos para su salud. Hace falta aún trabajo político, pedagógico y cultural muy creativo para que los sectores médicos amplíen sus horizontes en relación a qué consideran salud. Hay que destacar la enorme cantidad de médicos, médicas y efectores de salud que son amigables y garantizan derechos y con los que se puede articular. En mi experiencia comprobé que se puede cambiar lo que pensamos. Por eso, tenemos que desarrollar estrategias en vinculación y en articulación permanente, solas no podemos. No les veo futuro a las feministas que creen que van a conseguir las cosas solas. Sin embargo, el riesgo que corremos en este contexto es que, si se aplica el aborto no punible en un sentido amplio, se piense que entonces no necesitemos ley. Incluso los abortos contemplados en el Código Penal se van a efectuar mejor si se aprueba la ley. La idea es que toda mujer tiene derecho. Eso tiene una potencia que el Código Penal no tiene. Ahora estamos en un terreno donde todo depende de la suerte del médico con que diste. En cambio, si tenemos una ley que garantice la legalización del aborto vamos a lograr mejores condiciones también para el aborto no punible. ¿Qué pasará ahora que se aprobó el nuevo Código Civil con la idea que la vida comienza desde la concepción? –Es una concesión a los sectores conservadores. Tiene efecto en el imaginario y en la política. Va en contra del Pacto de San José de Costa Rica, que dice que la vida comienza, en general, desde la concepción y ese “en general” está agregado para que no haya incompatibilidad para adherir al pacto y que haya aborto legal como en Canadá. Es un contrasentido flagrante que los sesenta y cuatro adherentes al proyecto de ley votaran a libro cerrado. No es que queremos el Código de hace doscientos años. ¿Pero por qué vamos a perder las mujeres y otorgarle poder a la Iglesia? Pueden usar el Código Civil como estrategia jurídica para pelear contra la legalización del aborto. ¿Cómo es la experiencia de las socorristas? –Empezamos en Neuquén en el 2009. Con Las Revueltas armamos un servicio –Socorro Rosa– que comenzó el armado de esta agencia política que es Socorristas en Red. Sabemos que no somos las únicas que damos información. Pero para ser parte de Socorristas en Red hay que estar de acuerdo con que tenemos encuentros presenciales con las mujeres, cara a cara y, en lo posible, encuentros grupales para ayudar a politizar. Incluso hay mujeres que no se conocen entre sí que se acompañan en sus abortos o se organizan para ir juntas al control post aborto. Nosotras las acompañamos durante el proceso. Para la mujer que está abortando en su casa es muy importante saber que cuenta con alguien que la asiste en ese momento, que suele ser complicado. No es un abrir y cerrar los ojos. Te pasan muchísimas cosas mientras abortás. Nosotras aprendemos con las mujeres. Fortalecemos nuestra decisión y hacemos de nuestros saberes con otras. También conformamos redes amigables con centros de salud para los controles post aborto. Queremos que vayan a hospitales donde le puedan decir a la persona que tienen enfrente que abortaron, que usaron misoprostol y que no las juzguen. En el 2013 Las Revueltas acompañamos a 567 mujeres sólo en Neuquén, el 54 por ciento ya era madre y la mayoría –70 por ciento– tenía entre 25 y 33 años y el 13 por ciento eran chicas más jóvenes. En el 2012 habíamos acompañado a 380 mujeres y en el 2011 a 127 mujeres. La red en todo el país hoy cuenta con veintiún números de teléfono. Pero no somos una línea que pasa información. Las socorristas queremos que el aborto sea legal, por eso estamos agrupadas en la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Y nuestras redes garantizan un piso de seguridad distinto para cuando el aborto sea legal en Argentina. ¿Cuántas son en la red? –En Neuquén somos catorce y en todo el país, como mínimo, somos ciento cincuenta. La red junta a compañeras de distintas generaciones, de distintas opciones sexuales. Algunas han sido socorridas y esto empalma con un deseo político con el aquí y ahora ante los abortos que están siendo. Es un feminismo de estar ahí y de poner el cuerpo. El feminismo de Socorristas en Red teoriza sobre su práctica y en su práctica hace teoría. No es todo color de rosa, pero es un proyecto político que cuida la salud de las mujeres, que es lo que no hace el Congreso de la Nación. Nuestro lema es “¡Si vas a abortar no queremos que pongas en riesgo tu vida y tu salud!”. ¿Cómo hace hoy una mujer que necesita abortar para conseguir el medicamento (misoprostol) que le permita realizarse el tratamiento? –La parte complicada es conseguir el medicamento. Y como el aborto es una práctica clandestina hay quienes hacen de la venta del medicamento todo un negocio, así como hay farmacias amigables que venden determinada cantidad por mes. Las mujeres inician todo un trayecto para conseguir la medicación: desde recetas que les dan médicos hasta caminos que no están buenos, como compras por vía telefónica a gente que oferta en Internet. Nosotras recomendamos que se compre la medicación adecuada en farmacias y con blister cerrado, para evitar que el medicamento esté adulterado.